El Fluido Invisible
A finales del siglo XVIII, científicos como Antoine Lavoisier propusieron que el calor era una sustancia física real. Se le llamó "calórico": un fluido hipotético, sin peso y transparente que llenaba los espacios entre los átomos y fluía de los cuerpos calientes a los más fríos.
Las Leyes del Calórico
Esta teoría explicaba con éxito muchos fenómenos conocidos en la época, como la expansión térmica (el fluido ocupaba espacio y empujaba los átomos hacia afuera) y los cambios de estado. Fue una herramienta fundamental para ingenieros como Sadi Carnot, quien diseñó los principios de las máquinas térmicas basándose en este concepto.
El Declive de la Teoría
A pesar de su utilidad inicial, la teoría comenzó a fallar. El Conde Rumford observó que al perforar cañones, el calor generado por la fricción parecía infinito mientras hubiera movimiento, algo imposible si el calor fuera una sustancia finita guardada en el metal.
Este descubrimiento sugirió que el calor no era "algo" que los cuerpos tenían, sino "algo" que los cuerpos hacían: movimiento.